La Señal
El zumbido de los anillos de Saturno llenaba el puente del Perro de Hierro como un susurro constante, un murmullo de hielo y roca que nuestros sensores traducían en ondas de estática. Llevaba tres horas de guardia, con los auriculares apretados contra las orejas y los ojos fijos en las líneas verdes que temblaban sobre la pantalla del panel principal. La nave crujía a mi alrededor, como siempre lo hacía cuando atravesábamos zonas de gravedad inestable, y ese sonido metálico se había vuelto tan familiar como mi propio pulso.
Fue entonces cuando la escuché. No fue un sonido claro, ni siquiera reconocible al principio. Era apenas una fractura en el ruido blanco, un patrón que no debería estar ahí.
—Esto no es basura cósmica —murmuré, ajustando los diales con dedos que de repente sentía torpes.
Filtré las frecuencias, eliminé el eco de fondo de las partículas de hielo que chocaban contra el casco, y poco a poco, entre chisporroteos y silencios, emergió algo. Una voz. O lo que quedaba de ella.
*...aquí Kronos... repito... necesitamos...*
La transmisión se cortó, tragada de nuevo por la estática, pero fue suficiente. Sentí un escalofrío subirme por la espalda, no de frío —el puente…
