El equipaje que no se ve
La brisa fresca del amanecer acariciaba suavemente el rostro de Olivia mientras el autobús se adentraba por las serpenteantes carreteras que conducían a su destino. La luz dorada del sol se filtraba entre los árboles, proyectando sombras danzantes en el camino. A medida que el vehículo avanzaba, el paisaje cambiaba; los altos edificios de la ciudad se transformaban en colinas verdes y campos de flores silvestres. En su interior, una mezcla de emoción y ansiedad burbujeaba. Era un nuevo comienzo, pero también un salto al vacío de lo desconocido. (En primera persona, narrado por Olivia y quie murió fue su abuela no su madre)
Al llegar a Villa Esperanza, el pueblo donde su abuela había crecido, Olivia sintió que un peso se levantaba de sus hombros. Era un lugar pintoresco, donde las casas estaban pintadas de colores vibrantes y las calles estaban adornadas con faroles antiguos. Sin embargo, la belleza del entorno no podía ocultar la inquietud que se alojaba en su pecho. Había dejado atrás la rutina de su vida urbana, pero las sombras de su pasado aún la seguían.
Su abuela la recibió con los brazos abiertos y una sonrisa cálida que iluminó su rostro. La mujer, de cabellos plateados…
