El Primer Día Bajo el Cielo de Kiss
El autobús frenó con un quejido metálico, y las puertas se abrieron liberando una bocanada de aire tibio que olía a césped recién cortado y a algo más, algo que Seo-Mirae no supo nombrar hasta más tarde: el aroma inconfundible de los comienzos. Bajó los tres escalones sujetando el asa de su maleta con una firmeza que no sentía por dentro, y sus zapatillas tocaron el pavimento del campus por primera vez.
Se quedó inmóvil un instante, como si necesitara comprobar que aquello era real y no una fotografía sacada de un folleto universitario.
Frente a ella se extendían las puertas de hierro forjado de la Universidad Kiss, altísimas, coronadas por un blasón dorado que brillaba bajo el sol de media tarde. Más allá, el campus se desplegaba como un cuadro vivo: jardines interminables donde los árboles formaban túneles verdes, edificios de piedra antigua vestidos de enredaderas que trepaban hasta los tejados, y, a lo lejos, un lago cuya superficie parecía de vidrio, devolviendo el reflejo perfecto de un cielo pintado de naranja y violeta.
Mirae soltó el aire que llevaba conteniendo desde que subió al autobús esa mañana.
—Aquí estoy —murmuró para sí misma, aunque nadie la escuchara.…


