La Puerta del Chateau
El teléfono suena una vez, dos veces, y el sonido rebota contra las paredes blancas de la habitación de Rafe como un disparo. Estoy sentada en el borde de la cama, todavía con la ropa del trabajo puesta, cuando veo cómo su mano se cierra sobre mi celular antes de que yo pueda alcanzarlo.
—Rafe, dámelo.
—Espera. —Ni siquiera me mira. Tiene los ojos clavados en la pantalla, el pulgar deslizándose con una velocidad que me revuelve el estómago—. ¿Quién es JJ?
El nombre sale de su boca como si fuera veneno, como si supiera exactamente qué botón presionar. Siento que el aire de la habitación se vuelve más denso, más difícil de tragar.
—Es un amigo. Ya lo conoces, hemos coincidido mil veces en el Chateau con John B y los demás.
—Un amigo. —Se ríe, pero no hay nada de gracia en ese sonido, solo un filo que corta—. Un amigo que te escribe "buenas noches, Bells" a las once de la noche. Un amigo que te manda corazones.
—Es un emoji, Rafe, no significa nada.
Se levanta de golpe, y el colchón rebota bajo el peso ausente de su cuerpo. Camina hacia mí con el teléfono todavía en la mano, y algo en su forma de moverse —esa tensión en los hombros, esa mandíbula apretada— hace que retroceda…




